¿De dónde le viene la afición taurina?
Se trata de algo bastante innato. Además, lo viví en casa desde pequeño porque mi padre era un buen aficionado y un gran amante del toro bravo. Gracias a él, conocí este mundo. Me llevaba a las novilladas primaverales y, por las mañanas sanfermineras, a los festivales que se organizaban en la plaza de toros. Por otra parte, con el origen de la televisión y la retransmisión de las primeras corridas, nos convertimos en fieles seguidores de las mismas. También influyó el ambiente general que se respiraba en los sanfermines y el amor y la afición que tengo por los animales, a los cuales me dedico hoy como profesor e investigador en el campo de la Producción Animal.
¿Recuerda su primer contacto directo con el encierro de Pamplona?
No mucho, ya que de eso hace casi 40 años. De lo que sí me acuerdo es de que sentí emoción y miedo. Notaba como un gran bolo en el estómago, una sensación como de frío y un sol que me cegaba los ojos; cuando acabó, era el mozo más feliz del mundo.
Y ahora, ¿qué siente cuando presencia esta carrera como espectador?
Reconozco que lo sigo por la televisión, porque es donde mejor se aprecian todos los detalles. A pesar de esto, experimento las mismas sensaciones de tensión y nervios. Me apasiona el hecho de verlo, incluso repetidas veces. Resulta maravilloso apreciar esa conjunción de toros, cabestros, mozos, pastores... perfectamente organizada. Se trata del espectáculo popular taurino más famoso del mundo, del cual han bebido otros muchos festejos de este estilo.
Después de dejar de correrlo, ¿ha tenido la tentación de intentarlo de nuevo?
Muchas veces, pero al final, por uno u otro motivo, no lo he hecho. En alguna ocasión, todavía se me pasa por la cabeza el volver, pero no termino de dar el paso. No me extrañaría que cualquier día lo haga…
¿Qué es lo que le retiene? ¿Tiene ahora más presente el peligro que conlleva?
Ésta no es la razón. Suelo ir a tentaderos y a las fiestas de algunos pueblos de La Ribera y, al final, siempre acabo tirándome. Me juego un poco el tipo, pero la agilidad y la velocidad ya no son las de antes. He sufrido golpes y caídas, aunque nada graves.
¿Entiende la afición que despierta en el encierro de Pamplona?
Perfectamente. No sólo la comprendo, sino que la siento. No me sorprende el hecho de que haya gente loca por este acontecimiento. Además, opino que esta carrera, lejos de morir, adquirirá con el tiempo más interés e importancia.
¿Qué le llama más la atención de la carrera actual?
Noto que el encierro de Pamplona está tremendamente mejorado. Lo defino como un espectáculo en un perfecto equilibrio inestable. Hay una conjunción de muchas cosas que, bien armonizadas, consiguen que al final la carrera se desarrolle con una gran rapidez, pureza y limpieza, evitando grandes percances. El encierro no resulta especialmente peligroso. Lo que sí se producen son numerosas caídas y contusiones. Por ello, considero que, en la carretera o en cualquier deporte de riesgo, te encuentras con situaciones más peligrosas.
¿A qué cree que se debe esto?
Todo está muy bien organizado. Los mozos, en general, saben correr perfectamente. Asimismo, se habla mucho de la masificación, pero esa masa no se mete entre los cuernos de los astados. Los que de verdad lo hacen no suman tantos, y son estos los que llevan a los toros bien templados desde Santo Domingo hasta la plaza. Ésta es la verdadera finalidad del encierro, procurando que no se produzcan percances entre los mozos, y que los toros lleguen también ilesos y sin estropearse de cara a la corrida que tendrá lugar por la tarde.
¿Ve algo que pueda mejorarse?
Apenas percibo problemas. Se comenta mucho la masificación, pero los responsables de ésta somos nosotros mismos. Nos gusta que vengan los medios, la gente y que se hable de esta carrera en todo el mundo. En cualquier caso, si el encierro de Pamplona lo corrieran sólo unas pocas docenas de personas, hace años que habría desaparecido. Lo que hay que hacer es tratar bien este problema y convertirlo en una ventaja.
Desde su posición, ¿cómo piensa que afecta el encierro a los toros?
Los toros son los verdaderos sufridores del encierro. Nadie les pregunta si quieren o no correr, y el participar en la carrera supone un gran problema para ellos. De repente, se encuentran inmersos en un espectáculo del que pretenden huir. A su favor cuentan con que van acompañados por los cabestros, que conocen el recorrido y les llevan arropados, y con los pastores, que son como sus aliados en el momento en el que se quedan sueltos y rezagados. Cuando se descuelgan, no entienden nada y se sienten agredidos. El piso, además, no se asemeja en nada al que están acostumbrados, lo que les crea un trastorno increíble. Lo único que desean es que finalice cuanto antes, porque para los toros se trata de un drama tremendo en el que sufren mucho. Por ello, deben ser respetados por los corredores.
Y respecto a la lidia, ¿les influye positiva o negativamente?
Positivamente. Sobre todo, en cuanto a fuerza se refiere. Está de mostrado que, en Pamplona, los toros se caen menos veces que en cualquier otra plaza y salen al ruedo con mayor relajación y seguridad.
¿Es cierto que aprenden demasiado?
No lo creo. Y prueba de ello es que los toreros no ponen pegas a que se realice. Aprenden si las cosas se hacen mal, si se recortan, si se citan o se les da un capotazo en malas condiciones.
¿Se les respeta lo suficiente?
Se les respeta mucho, aunque todavía hay que cuidarles más. En este sentido, sí que debería realizarse una normativa más dura para poner grandes multas a aquellos que toquen, golpeen o despisten a un toro, sobre todo en el ruedo.
¿Qué consejos le daría a un principiante? ¿Qué tramo le recomendaría?
Que vea muchos encierros y trate de aprender. Que hable con gente experta, que conozca la normativa y que acuda en buena forma física. Los primeros tramos resultan algo más complicados por la velocidad que cogen los astados. Para alguien que empieza, el lugar más aconsejable sería hacia la mitad de la calle Estafeta.
¿Desaparecerá el encierro?
No sólo pienso que esto no va a ser así, sino que creo que esta carrera va a ir a más. Se trata de un acto que ayuda a la tauromaquia y a la fiesta en general. Asimismo, soy de los que aboga por que se resuciten los encierros infantiles o txikis para crear cantera y hacer que crezca la afición entre los más jóvenes.