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- An uncertain start

- Repaso Histórico, por Juan Luis Bikuña Agirre
- Historical profiles
- List of people killed in the bull run


El encierro de Iruña...se escuchan voces por ahí de que el encierro, el encierro de Pamplona, podría morir de éxito. Pero no. No va a ser posible pese a que algunos lo quisieran. Bien es verdad que la masificación y la inconsciencia de muchos corredores que llegan a Pamplona sin saber dónde se meten, convierten esta carrera plena de sensaciones, en una peligrosa ratonera. Con todo no es pensable hoy, que el encierro de Pamplona vaya a desaparecer y mucho menos ahora que tenemos corredores, pastores, dobladores y aficionados que, preocupados por la materia, colocan al encierro al compás de las nuevas tecnologías ofreciendo consejos y experiencias en esta página WEB que se cuelga al servicio de quienes quieren saber lo mas elemental de esta histórica carrera.

No, no. No se preocupen. El encierro no desaparecerá. Y no será posible fundamentalmente por dos motivos:

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Porque el encierro, porque los actores del encierro, mozos, pastores, dobladores, aficionados y espectadores, no queremos que esto termine. Y esta PAGINA WEB, que supone un hito en la historia del encierro de Pamplona, contribuye además a sentar mas si cabe, sus históricas y sólidas raíces.

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En segundo lugar, el encierro no va a desaparecer por que este es el “santo y seña” de Pamplona y por ende de Navarra. Es mas, el encierro ha situado definitivamente en el mapa y ante el mundo a Pamplona y Navarra extendiendo la imagen del encierro como una especie de “labelde calidad de sus gentes y costumbres.

Navarra, el viejo Reino de Navarra, es cuna de ganaderías de bravo e inicio de los primeros pasos del toreo actual. Si hablamos de raíces, de volver a las esencias, de mostrar el origen del juego con los toros, de correrlos, recortarlos para que salgan de cacho,....indudablemente estamos y nos situamos en Navarra. Y el encierro de Pamplona, en este caso, hace mantener y propagar uno de los estilos o modalidades del toreo, de aquel toreo rudimentario utilizado por los pastores de ganado, como es la carrera.

La primera noticia escrita, documentada sobre una fiesta taurina, data del año 1135 cuando en la localidad de Varea tiene lugar una fiesta taurina con motivo de la coronación del Rey Alfonso VII. Varea es hoy un pueblo absorbido prácticamente por el cinturón industrial de Logroño. Pero en aquel tiempo, en el siglo XII es cuando el entonces Reino de Navarra mantiene su máxima extensión, copando lo que hoy es Comunidad de Rioja y parte de Aragón. De modo que, en este caso, puede decirse que el dato concierne a Navarra.

El año 1160 dicen los documentos hallados en los archivos de la Universidad de Oñati (Gipuzkoa) que se celebró un festejo taurino en Soraluze-Placencia de las Armas en honor a Sancho VI “El Sabio de Navarra” y en el que mataron tres toros. Ocurrió que el Rey Sancho VI mantenía serias desavenencias con su cuñado Don Celinos “El Viejo” y optó por desterrarlo a tierras bárdulas (hoy Gipuzkoa), concretamente al solar de Irure, un otero que domina Eibar y parte de la Alta Cuenca del Deba.

Al tiempo, el Rey organizó una cacería en la zona donde moraba su cuñado y, de paso, inspeccionaría parte de su Reino.
Llegó con su séquito y jaurías de perros al solar de Irure donde ambos limaron sus desavenencias y en prueba de ello, el Rey Sancho VI ordenó dar caza a tres toros de los montes para festejar el momento con una fiesta taurina.

Muertos los tres toros, su carne la dieron a los perros que, dice la historia, tanto comieron que hartos, murieron.

Y se recoge esta historia en el escudo de la casa solariega, donde aparecen en uno de los cuarteles tres cabezas de toro y en el ribete otros tantos perros.

Pero, la primera corrida de toros que tuvo lugar en territorio propiamente navarro, en la CFN de hoy, se celebró en Iruña el año 1385 siendo rey Carlos II.

El 1388 un documento recoge cómo “Juan Gris (ganadero navarro) sirve toros para que “Maderuelo” y “Santander” (dos matatoros) los lidien en Olite”.

Pero antes de estas fechas, en el siglo XIII, el artículo 293 del Fuero de Sobrarbe de Tudela recogía que: “si conduciendo por el pueblo al matadero algun toro causase daños, los pagará el dueño, pero si es para celebrar fiestas no debe imponerse pena”. De modo que aquí existe un dato del que puede desprenderse que las gentes de la época corrieran delante del toro.
En la primera mitad del siglo XVII (en Navarra probablemente para el XVI) la mayoría de las plazas que se construyen son de forma rectangular o cuadrada, con la premisa impuesta antes de hacerse la obra de que las casas de las plazas “deben tener balcones corredizos con la única y exclusiva función de celebrar y presenciar festejos de toros”. Así, se pueden citar la Plaza del Castillo en Pamplona; Plaza de la Constitución en San Sebastián, Plaza Nueva en Bilbao, Pasajes San Juan, etc.

La evolución de los festejos que se celebraban en estas plazas era de total corte gimnástico: carrera, quiebro, recorte,...pasos que acabaron derivando en la actual corrida de toros y que se configura definitivamente en el siglo XIX en la zona Sur de la península fundamentalmente.

Los vascos en general, los navarros en particular, son dados a emociones fuertes, en deportes que van desde la destreza del pelotari al sacrificio y capacidad de resistencia del remero. Por lo mismo, estas gentes necesitan sentir el toro de cerca y sortearlo con fuerza y destreza corriendo o quebrando, como en los encierros de Pamplona.

Navarra ofrece un panorama taurino denso. Dispone de afición, ganado bravo y lidiadores.

En el siglo XVII los Virreyes de Navarra, establecieron a favor de la capital, para las fiestas de San Fermín, la “requisa de toros bravos”. Así en 1601, el Virrey da órdenes a los pueblos de la Ribera para que reserven toros para Pamplona “aunque los tengan cedidos”. Y, además requiere que “los toros sean feroces, de mucho cuerno y bastante edad”.
El toro navarro, conocido como “casta navarra” o “betizu” en Bizkaia, era chiquito, peludo, royo, ágil y constituía el ideal de la bravura y de la furia para los escritores de la época, que consideraban a Navarra como la cuna de los toros de lidia del resto del estado español.

Aquí, el pastoreo de los toros se hacía a pié, no había otra manera. Y cuando los toros atacaban, la forma más sencilla de burlarlos era correr, y correr mas que ellos. Es sencillamente lo que se ve en los encierros. Y como muchas veces las piernas no permiten separarse del toro, el diestro que va corriendo tiene en el regate, “recorte”, un artificio para salir de cacho.

Otra forma de burlar a la res, muy característica del toreo navarro, es el “quiebro”, que según define “Paquiro” en su “Tauromaquia” consiste en reunirse con el toro en un mismo centro y cuando el toro humilla hacer un quiebro con el cuerpo para evitar la cabezada. Una forma de toreo que puede verse en cualquier concurso de recortadores y mas en Iruña donde Jorge Ramón Sarasa, mantenedor de tradiciones, organiza cada año por “Sanfermines” el concurso de recortadores de España y ofrece, además, espectáculos del llamado toreo vasco-landés donde se practican antiguas suertes de aquel rudimentario toreo.
Recuerdo con especial cariño a un pastor que dejó sentada cátedra en los encierros de Iruña allá por los años 30,40 e incluso en los 50 del pasado siglo, GERMINIANO MONCAYOLA, natural de Arguedas y vaquero de la ganadería de Roque Alaiza. Un hombre que con su vara de avellano y el chaleco colocado en la punta y su conocimiento del toro, salvó varias vidas en los encierros de Pamplona.

Yo acudía de joven a las fiestas de Arguedas y me hospedaba en su casa ya que uno de sus hijos, José, trabajaba en Bergara y éramos vecinos.

Hablé mucho con Germiniano, que decía “voy con el siglo” para mostrar su edad, y falleció el año 1989, con 89 años. El, junto a Esteban Irisarri (padre de Carlos empleado de Chopera y que ha hecho de pastor en los encierros) conducía a pié toros y novillos a muchas plazas de Navarra y de Gipuzkoa fundamentalmente. Y al preguntarle sobre si salía la gente a la entrada de los pueblos a recibir a los toros, etc. decía “en Tolosa por ejemplo salia mucha gente para ver llegar a los toros, pero estaban en silencio, quietos, muy bien...pero aquí en Navarra salen los mozos a espantarlos y eso es peligroso”.

Efectivamente, Javier Solano escribe largo sobre la manera que surge el encierro, de las transgresiones a la ley, etc.

En fin, con estas breves líneas quisiera dejar sentadas algunas bases, aunque de forma somera, que demuestran que los encierros de Pamplona tienen sus raìces y su fundamento en la propia tierra. Y la historia de los toros y toreros de Navarra forman parte, o son un eslabón más de la cadena de nuestra historia.

El encierro pues, no está condenado a morir y mucho menos habiendo mozos, pastores, dobladores, toreros, aficionados, etc. que se preocupan por adecuar las circunstancias a la modernidad y enseñan o recomiendan, en estos tiempos de masificación, unas formas mas seguras para participar en los encierros de Pamplona.

Si alguien, o la institución afectada, tuviera la tentación de eliminar el encierro de Pamplona, borraría con ello el sello de todo un Pueblo. Y eso, pienso yo, serían palabras mayores para las que las autoridades actuales no estarían por la labor.

Con un abrazo a los mentores de la Página WEB que quieren “enseñar para volver a la esencia” de vuestro amigo de y para siempre,

Juan Luis Bikuña Agirre

 
     
       
 
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