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Ángel Etxaniz Ibarra y Javier Ruiz Goñi , corredores durante las décadas de los 50 y 60 |
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¿Qué significaba el encierro para ustedes?
Ángel Etxaniz: Una tradición, algo con lo que crecías. Siempre había alguien a tu alrededor al que le oías hablar sobre ello, aunque sin darle tampoco mucha importancia.
Javier Ruiz: Entonces, en Pamplona, nos conocíamos todos, y los chavales nos fijábamos en nuestros hermanos mayores y sus amigos. Les oías hablar y te picaba la curiosidad por afrontar ese reto, aunque sólo fuese una vez, para ver qué se sentía.
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A.E.: Otra cosa era continuar, que te entrara el gusanillo. No obstante, casi todos lo intentábamos una vez. Yo llegué a correr con mis dos hermanos mayores. Y tú, ¿también, no?
J.R.: Así es. Y con los Unzu…
A.E.: Sin embargo, participábamos siendo apenas unos chavales. En mi caso, por ejemplo, sólo tenía 14 años.
J.R.: Igual que yo.
¿Cómo se planteaban la carrera? ¿Qué pautas seguían?
J.R.: Al igual que como sucede ahora, cada uno elegía su sitio y esperaba en el centro de la calle a que los toros le alcanzase. Entonces, se corría, se miraba mucho y, luego, te retirabas. Yo empezaba en la Bajada de Javier y solía entrar a la plaza, pero siempre en la misma carrera. No solíamos meternos con más astados. |
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A.E.: En efecto. Nuestra única pauta era la de esperar en el centro de la calle, aguantar lo que pudieras delante de los toros y retirarte sin perder de vista a la manada. Mi lugar era un poco más adelante que Javier, en el tramo que va desde el final de Estafeta a la plaza. Ahí echaban arena, mientras que la entrada al ruedo la cubrían de tierra, por lo que los astados se agarraban mucho y conseguían más velocidad que ahora.
J.R.: Antes, las carreras y los encierros en general eran más rápidos. Además, participábamos menos gente y el toro podía fijarse en ti desde una distancia mayor, si bien es cierto que, como también había más espacio a ambos lados, resultaba más fácil que se despistara y mirara a otros.
A.E.: Desde luego, nosotros no teníamos la posibilidad de engancharnos a otro toro y, mucho menos, adelantarlo. Una segunda carrera en un mismo encierro era algo muy raro. Eso sí, cuando ibas metido con un astado, tenías la absoluta tranquilidad de que nadie te iba a empujar, molestar o entorpecer. Existía mucho respeto, tanto para el toro como para el resto de corredores.
J.R.: Ésa es una de las diferencias más significativas respecto a la carrera actual. Si podías aguantar, una carrera larga con un mismo toro era posible.
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¿Cuál era su indumentaria?
A.E.: Desde luego, lo de ir de blanco con pañuelo rojo no existía. Cada uno llevábamos la ropa más cómoda que teníamos. Yo, incluso, he llegado a correr con traje porque luego tenía que ir a trabajar.
J.R.: El encierro era a las 7 de la mañana, así que prácticamente nos coincidía con la hora de entrada. No obstante, sí que procurábamos que los zapatos fueran cómodos y de suela de goma. |
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En cualquier caso, en días de lluvia lo mejor eran las alpargatas, puesto que el esparto se agarraba muy bien.
¿Y el periódico?
J.R.: Sí. Su función se asemejaba a la vara del ganadero.
A.E.: Además, si se producía alguna situación de peligro, siempre podías echárselo a la cara, despistarle y citarle.
¿Han sufrido algún percance?
A.E.: Una vez, me caí contra la acera y me rompí un dedo de la mano. En otra ocasión, corrí con un brazo escayolado y me lo volví a fracturar. Entonces no había asistencia en el recorrido, íbamos a la casa de socorro que estaba en la plaza del Vínculo.
J.R.: Varios, pero debías ir a casa a curarte las heridas. En caso de que fuese algo más grave, acudíamos a la casa de socorro.
¿Cómo ven el encierro actual? ¿Qué diferencias notan?
J.R.: Sobre todo, feo. No se aprecian carreras limpias y bonitas. Ahora, no se corre más cerca, sino más encajonado. No hay tranquilidad.
A.E.: En la actualidad, se corre a trompicones, empujando para entrar y para salir. No hay respeto por el que va delante de la cara del animal. Se ha perdido un poco de afición al toro, ya que antiguamente se le respetaba más.
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¿Cuál creen que es el mayor problema del encierro?
A.E.: Esa falta de respeto a los astados y a los propios mozos, que es producto de la masificación y de estas formas de participar en el encierro que no son las de aquí.
J.R.: La masificación alrededor del toro. Todo esto hace que se produzcan carreras feas y poco limpias. Aunque no tiene ni punto de comparación, la masificación la empezamos a sentir a finales de los 60. Ya entonces, nos llamó el alcalde, Miguel Javier Urmeneta, a un grupo de corredores de Pamplona para hablar acerca de este tema. Sin embargo, lejos de encontrar soluciones, se ha ido cada año a peor.
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A.E.: Algún día ocurrirá una tragedia, y entonces ya será demasiado tarde para afrontarlo. Desde Europa, nos pueden llegar multas, restricciones o prohibiciones.
J.R.: Sin embargo, la esencia del encierro es que se trata de una actividad peligrosa, en la que arriesgas hasta la propia vida. No obstante, participar en él es de libre elección y cada uno debe asumir ese riesgo.
A.E.: Así es. La carrera de Pamplona siempre ha estado abierta a todos, ha sido popular, sin normas escritas y de difícil control. Pero mira a dónde hemos llegado. Si la solución o las mejoras pasan por tener que perder esas características con el fin de que esté algo más controlada, pues adelante. Igual resulta necesario perder algo para conservarlo.
J.R.: Desde luego, hay que hacer lo que sea para que no desaparezca. En todos estos años, ningún ayuntamiento ha propuesto una solución para frenar la masificación. Yo tampoco sabría decir qué medida sería la correcta, pero sí que he oído a varios corredores de antes y de ahora diferentes posibilidades.
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El encierro de San Fermín - www.sanferminencierro.com - Pamplona (Navarra)
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