¿Cómo fue su primera experiencia en un encierro?
En 1978, tres de la cuadrilla nos planteamos correr en la calle Estafeta. La verdad es que pasé mucho miedo porque desconocíamos el tema y nos confiamos un poco. Nos sorprendimos por la cantidad de golpes y codazos que se producían y, al día siguiente, decidí correr en Santo Domingo. Se habla con frecuencia de la peligrosidad de este tramo, y sí que es cierto que los toros cogen mucha velocidad, pero aquí no prima tanto la fuerza, sino la velocidad y la potencia de cada uno.
Después de tantos años como corredor, ¿qué supone el encierro para usted?
Se me hace muy difícil expresarlo porque es algo que lo vivo y lo siento muy adentro. Se mezclan sensaciones de miedo y satisfacción.
¿Cuál cree que es la equivocación más común a la hora de entender la carrera?
La falta de experiencia y la desinformación. Todos hemos empezado de cero y hemos ido adquiriendo conocimientos poco a poco, aunque sin perder de vista el respeto hacia los demás corredores e intentando fijarnos en los que más años llevaban. Mucha de la gente que viene, además, participa en el encierro sólo para tener la foto de rigor, sin tener en cuenta ni a los otros mozos ni a los propios toros.
¿Qué cambios más significativos ha sufrido la carrera en estos últimos años?
Cada vez hay más gente que se lo toma en serio. En mi caso, por ejemplo, y no soy el único, desde que finalizaba la corrida de toros no probaba el alcohol y procuraba estar en casa para las doce o la una.
¿Cómo ha vivido el problema de la masificación?
Resulta muy complicado encontrar una solución. Asimismo, con lo que estoy de acuerdo es con evitar que accedan al recorrido aquellos que vayan a suponer un riesgo mayor para el resto de corredores, como aquellos que se presentan con chancletas, mochilas y cámaras. Debería existir un mayor control policial para que todo aquel que quiera entrar al recorrido tenga que pasar por ese filtro. Podría hacerse más hincapié en ese sentido. El 7 de julio de 2005, unos americanos se pusieron a repartir camisetas en mitad del recorrido de Santo Domingo y nadie hizo nada.
Al margen del toro, ¿qué otros peligros aprecia en el encierro?
Nosotros mismos. Tenemos que darnos cuenta de que hay detrás un animal fuerte y peligroso, por lo que debemos respetarnos a pesar del miedo que sentimos. La solución a todos estos problemas pasaría por evitar que fuese retransmitido, pero sé que es una utopía. No nos beneficia nada el que la gente venga al encierro sólo para dejarse ver.
¿Qué siente y percibe un corredor cuando está dentro del recorrido?
Antes del cohete, mucho miedo y nerviosismo. Se te pasan infinidad de cosas por la cabeza. Te sientes inquieto, tenso. Deseas que comience cuanto antes porque, una vez que empieza, desconectas algo más y te centras sólo en lo que pide la carrera. Cuando los toros pasan por tu lado, se huelen, se oyen los golpes del pisar de la manada y tienes sensaciones indescriptibles, como de satisfacción por el hecho de haber estado ahí.
¿Sigue algún tipo de ritual antes de cada carrera?
Me levanto siempre a las siete de la mañana y desayuna poca cosa por que mi estómago no está para ingerir más cosas. Como vivo en la Rochapea, suelo subir calentando para ir soltando los músculos y tranquilizarme.
¿Qué consejos daría a un principiante? ¿Qué tramo le recomendaría?
Que se fijara mucho en qué es lo que hace la gente experimentada. En cuanto al lugar donde correr, le diría que eligiese el que mejor se adapte a sus posibilidades, ya que el peligro está en todos.
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