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Nombre y apellidos: Javier Hermosilla Noáin
Fecha y lugar de nacimiento: 21 de febrero de 1946, Pamplona
Situación laboral: Jubilado
Experiencia como corredor: 46 años
Tramos: De 1960 a 1963 corrió en Estafeta; mientras que desde 1964 lo hace en Santo Domingo
 
“Amo al encierro y al tramo de Santo Domingo”

¿Cómo recuerda su primera experiencia en la carrera?
Tenía 14 años, por lo que mis primeras carreras se produjeron bastante lejos de los toros.

¿De dónde le vino la afición?
Vivía en la calle Nueva, cerca del Ayuntamiento, por lo que solía acudir muy a menudo a ver el encierro con mis amigos. Entre todos, decidimos probar suerte, y lo cierto es que, cuando tiraron el cohete, nos asustamos mucho. Recuerdo que nos decían que nos tapáramos con un sombrero para que no se diesen cuenta de que éramos tan jóvenes y, así, evitar que nos sacaran del recorrido.

¿Para alguien como usted, que lo ha vivido de una forma tan cercana, qué supone el encierro?
Algo muy especial. Me he recuperado muy bien y con muchas ganas de varios sustos que he tenido en la cuesta de Santo Domingo porque amo al encierro y al tramo en el que corro. Ver a la gente de mi alrededor, los diálogos que mantengo con ellos todas las mañanas… Eso es lo que hace que me atraiga tanto. De todo lo demás que rodea a este evento, prefiero mantenerme al margen.

Comenzó con 14 años, y ahora se ha convertido en todo un símbolo del encierro y del tramo de Santo Domingo…
Cuando empecé a bajar a la cuesta en 1964, me fijaba en la gente mayor. Cantaban a San Fermín y no había ni imagen de él ni nada. Existía la costumbre de pasar lista para ver quien había acudido esa mañana a la carrera. Una vez que se gritaban todos los nombres de los corredores, se procedía al canto. Como era uno de los fijos y no fallaba nunca, me dijeron que, a partir de entonces, iba a llevar la batuta de esa tradición y debía intentar que perdurara por muchos años. A partir del 70, se colocó una imagen en la ventana del Hospital Militar con unas flores, unas velas y el panel con los escudos de las peñas, y no fue hasta el 81 cuando se puso la hornacina en la muralla. El San Fermín que suele estar ahí presente creo que es propiedad del Ayuntamiento, mientras que el que se coloca para los cantos pertenece a unos mozos.

¿Hay alguna otra tradición en esos instantes previos a la carrera?
El día 7 de julio baja una chica, acompañada por un acordeonista, para dedicar una jota a San Fermín. En ocasiones, han tenido problemas para acceder al recorrido, y eso es una lástima porque se vive un ambiente muy bonito.

¿Cómo está viviendo la evolución del encierro en estos últimos años?
No me gusta nada. Calculo que el 70% son corredores de fuera de Navarra y me da un poco de pena porque estoy convencido de que, si la mayoría de ellos no tuviesen la posibilidad de verse en televisión, serían bastante reacios a participar en la carrera. Antes, cuando era pequeño, si se quería presenciar el encierro se acudía a la plaza y a la calle. Era otro ambiente, sin tanto colorín ni tanto corredor apoyándose en el toro y, por su puesto, con menos peligro. La solución a este tipo de cosas pasa por los propios corredores que saben qué significa el encierro. Ellos conocen mejor que nadie qué es lo que está pasando con la carrera.

¿Qué sensaciones percibe cuando acude a la cuesta de Santo Domingo para ponerse delante de los toros?
El primer día es impresionante. Tengo por costumbre ir al San Cristóbal a las seis de la mañana para ver cómo estoy realmente. Hago una breve visita al Santo y almuerzo con los amigos antes del Chupinazo. Suelo retirarme a casa antes de cenar porque se trata de una noche en la que siento bastante tensión. Ya por la mañana, cuando llego a la cuesta y empiezo a ver a la gente conocida, experimento sensaciones indescriptibles. Saludo a todos y los nervios comienzan a ser mayores. Ves el miedo en la cara de la gente, percibes cómo se apoyan y cómo se aconsejan. No hay nada más gratificante que el poder ayudar a alguien en la carrera.

¿Ha tenido algún susto importante en el encierro?
Coincidió que, en 2003, nos cogió un toro a mi hijo Iñaki y a mí. El pequeño tuvo una cornada cerca de la axila, mientras que a mí me empujó al suelo y me tuvieron que operar del hombro. Por suerte, Iñaki se recuperó de maravilla, tanto física como mentalmente, y ahora corre muy bien.

¿Cuánto le queda como corredor?
Pensaba haberme retirado el año pasado, pero me salió alguna carrera bien y continué. Santo Domingo encierra mucha dificultad, así que resulta importantísimo encontrarse bien físicamente. De momento, me mantengo bien, por lo que aún seguiré un tiempo.
 
   
¿Qué sería de los sanfermines sin el encierro?
Estaríamos más tranquilos.
 
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