¿Cuál era, exactamente, su función dentro del encierro?
Después de los continuos percances que sucedieron entre finales de los 70 y principios de los 80, se creó una comisión para valorar posibles mejoras. Los datos hablaban por sí solos, ya que se pasó de tener cuatro cogidas mortales en 37 sanfermines, a dos fallecidos en los 13 años posteriores. Asimismo, lo peor llegó entre 1974 y 1980, donde cinco personas perdieron la vida en el encierro –casi una por año-. El Consistorio decidió entonces tomar medidas porque el asunto era importante. Me nombraron miembro de la comisión junto con otros corredores experimentados y empezamos a trabajar en ese sentido.
¿Qué medidas se tomaron?
Lo primero que se hizo fue estudiar el trazado. Nos encontramos con que había zonas demasiado amplias en el recorrido en las que el toro podía moverse con mayor facilidad y generar situaciones de peligro. Del mismo modo, intentamos eliminar esas zonas de vallado en las que la gente sólo se ponía para presenciar la carrera. Tapamos las zonas con mayor visibilidad y dejamos un hueco en la parte inferior para que los corredores pudiesen salir del recorrido en caso de necesidad. Se pensó, además, en los falsos refugios, que eran rincones dentro del trayecto que usaban las personas para ver el paso de los toros. La suciedad y el buen estado del pavimento también centró gran parte de nuestro trabajo, ya que influía mucho si era de tierra –lo que hacía que el toro fuese mucho más rápido y atropellase a los corredores- o de asfalto. En definitiva, se trataron todos aquellos aspectos que podían generar problemas a los corredores y al toro, teniendo siempre en cuenta que se quería dar ventaja a los mozos.
Después de todo esto, aún asumió más responsabilidades dentro de las propias fiestas...
Las ideas que surgieron en la comisión comenzaron a aplicarse y se vieron otros factores que podían influir en el correcto desarrollo del encierro. Desde 1991, preparé, junto con los técnicos de protección civil, el Plan de San Fermín, que englobaba todo lo referido a las fiestas. En el encierro, concretamente, las medidas que se tomaron fueron muy efectivas. En 23 años (desde 1980 hasta 2003) hubo una cogida mortal en la plaza del Ayuntamiento y una muerte por contusión en la calle Mercaderes. Las barreras humanas antes del cohete también resultaron un acierto, pues con ellas se evitó que se produjeran las situaciones de pánico que podrían registrarse con una fija. En el año 1995, por ejemplo, se rompió una de esas barreras humanas y se invadió el recorrido, por lo que se tuvo que retrasar el inicio de la carrera unos minutos.
¿Recuerda esos primeros días ejerciendo esta labor? ¿Acusó la responsabilidad?
Me sentí muy bien. Siempre tuve muy clara la importancia que tiene el encierro. Además, se respetaba mucho el trabajo que realizábamos y la forma de funcionar era la correcta. Se preveían infinidad de cosas y se prestaba mucha atención al toro, cosa que se sigue sin hacer en otros muchos lugares. No se tiene en cuenta ni al animal, ni la fuerza del mismo. Y este es un error grave, porque si el astado se cae o se queda rezagado, se vuelve mucho más peligroso.
¿Qué recuerdo guarda de su trabajo como veterinario de los toros de lidia?
En mi época estábamos cuatro veterinarios del Ayuntamiento, dos para toros y otros dos para caballos. Mi compañero era Pedro Garatea, conocedor extraordinario de los toros, y nunca tuvimos problemas. Realizábamos el primer reconocimiento unos días antes de los sanfermines. En torno a 48 horas antes de la corrida, hacíamos el oficial; mientras que, después del encierro, tenía lugar el examen definitivo de los astados.
¿Se llegaron a rechazar toros?
Por supuesto, aunque dentro de la normalidad. No obstante, estos reconocimientos no tenían nada que ver con la carrera, sino con la lidia.
¿Se les notaba entonces más preparados físicamente para Pamplona que para otras localidades?
Se percibía, como ahora, que las ganaderías llegaban al final del recorrido con más facilidad que antes.
¿Cómo ha visto la evolución del encierro en estos últimos años?
Desde la década de los 80 hasta ahora, se ha mejorado mucho. Apenas se han dado problemas, salvo esa cantidad de gente que sale a la calle a agarrar al toro y lleva unas camisetas llamativas para que se les saque fotos y se les vea en televisión. En cualquier caso, la policía se está endureciendo en ese sentido y pienso que logrará evitarlo.
¿Qué posibles soluciones tomaría para acabar con estos problemas?
Actuaría de una forma más severa a ese tipo de personas que realiza esas manipulaciones al animal. Debería haber una disposición de rango legal para que se sancione a los que molesten a los toros de ese modo.
Y a los astados, ¿cómo les afecta el encierro?
Cuando salen de la dehesa es cuando peor lo pasan. Los dejan en un cajón durante muchos kilómetros y acusan ese trauma, tanto física como psicológicamente. Pasado un tiempo desde su llegada, se habitúan a su nuevo lugar y, a la hora del encierro, se encuentran en perfectas condiciones. La mayoría ignora a los corredores, aunque acometen cuando se quedan sueltos y, entonces, sí que se fijan en alguno de ellos. De todas formas, si se trata de toros con fuerza, llegarían a la plaza tranquilamente, sin apenas fijarse en los corredores.
¿Qué consejos daría a un principiante?
No me considero el más capacitado para decirle a nadie cómo debe correr. Para ello, hay mozos mucho más experimentados. Lo que sí recomendaría es que esté en buena forma física y mental, porque se experimenta una sensación de riesgo que, por otro lado, pienso que atrae a la gente. Además, le explicaría el peligro que entraña el no respetar las distancias con un toro suelto y el no hacer caso a los profesionales del recorrido, como los pastores y los dobladores.
¿Es eso lo que le llamó la atención a usted para participar en la carrera?
Solía ir con mi padre a los encierros de Sangüesa y corrí el primero con apenas 10 años. Me gustaba experimentar esa sensación de riesgo vencido. Al principio, el corazón late a gran velocidad, pero luego se siente algo muy agradable.
¿Qué significa el encierro para usted?
Tradición y cultura. Es una forma muy particular de celebrar la fiesta.
¿Qué sería de los sanfermines sin este espectáculo?
No existirían.