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Nombre y apellidos: Jokin Zuasti Urbano
Fecha y lugar de nacimiento: 2 de septiembre de 1958, Pamplona
Profesión: Profesor de judo
Experiencia en el encierro: 32 años
Tramo en el que corre: Final de Estafeta, telefónica y callejón
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
“En muchas ocasiones, no se respeta debidamente a los toros”

¿Recuerda su primera experiencia en el encierro?
Fue un 13 de julio de 1974, tenía 15 años y entré en el recorrido acompañado de otro amigo. Casi sin quererlo, me adelantaron los toros justo cuando pasaba por el callejón. La sensación de correr al lado de esos animales me enganchó tanto que he continuado hasta ahora.

Y las carreras posteriores, ¿cómo fueron?
Al día siguiente, coincidió que se celebraba el último encierro de aquellos sanfermines, así que me levanté temprano y me escapé de casa para probar suerte de nuevo, a pesar de que dos días antes, el 12 de julio, se produjo la muerte de Juan Ignacio Eraso en la carrera. Esa segunda vez, acudí solo.

Después de esas dos primeras experiencias, ¿tuvo claro que, a partir de entonces, se convertiría en un asiduo de este espectáculo?
Durante ese verano, no paré de ir a pueblos e intentar aprender en encierros como los de Lerín, Tafalla y otras localidades de alrededor. Empezó a nacerme la afición por los toros y, en las fiestas de 1975, tenía muy metido en la cabeza que quería correr. Me propuse realizar carreras de la misma manera que como lo había hecho en los pueblos, así que intenté ponerme delante de las astas en cada encierro en el que participaba.

Para alguien que lleva tantos años, ¿qué supone la carrera de Pamplona?
Resulta difícil de explicar. Cada encierro es muy diferente al anterior. No terminas de acostumbrarte nunca al miedo, la presión, la tensión y a todo lo que conlleva este acontecimiento. Incluso, estas sensaciones aumentan a medida que pasa el tiempo y te vas haciendo mayor. Quizás sea esto lo que me enganche. Si se caracterizase por la monotonía y dominase todas estas sensaciones, me acabaría aburriendo.

¿Es cierto que corredores como usted sienten el encierro como algo más que una tradición?
Coincide que se trata de algo que se celebra en nuestra tierra, pero hay mucha gente de fuera que siente una gran afición por esta carrera. Supongo que a mí me pasaría igual y, si el encierro tuviera lugar en Palma de Mallorca, me desplazaría hasta allí. No obstante, he tenido contacto con él desde muy pequeño, por lo que lo considero parte de mi vida y de la cultura de mi pueblo.

¿Cuál cree que es la equivocación más común de la gente a la hora de entender el encierro?
Si nos referimos a la gente que viene de fuera, el desconocimiento. No se tiene muy claro el peligro que conlleva ponerse delante de un toro en la calle. En cuanto a las personas que son de Navarra, no se respeta suficientemente a los animales. Un error grave radica en pensar que esto forma parte de la fiesta y que es lícito participar independientemente de cómo esté el cuerpo a esas horas. Obrar así conlleva mucho riesgo para la propia persona y para los corredores que van a estar a su alrededor durante la carrera.

¿Cómo ha vivido su evolución?
La principal diferencia que aprecio desde que comencé a correr hace referencia al número de participantes. Ahora hay más gente que corre bien, así como también se ha incrementado el número de personas que se sitúa alrededor del toro. La masificación de la que tanto se habla, y que, de hecho, existe, se fundamenta en que cada vez acceden al recorrido más mozos que logran colocarse en torno al animal. Esto es lo que ha derivado en que cambie la forma de correr. Las distancias se han acortado mucho, no se mantiene el espacio suficiente en determinados momentos y los toros sueltos no se corren adecuadamente.

Además de la masificación, ¿qué otros problemas cree que afectan al encierro?
En primer lugar, pienso que está muy bien organizado. Cuenta con unos dispositivos de seguridad y sanidad que hacen esta carrera viable. Se podrán mejorar pequeños detalles, pero el nivel de previsión y preparación es altísimo. El problema está en la forma de participar de muchos mozos, que no respetan las normas más elementales. No corren delante y su única preocupación pasa por tocar a los astados. Pierden el respeto al toro, y eso no se puede consentir.

Al margen de la manada, ¿cuál es el mayor peligro al que se enfrenta un corredor?
Los empujones, los golpes, las caídas... hacen que la carrera sea muy violenta, aunque la principal amenaza no deja de ser el toro, y la prueba está en que cada año se producen más cornadas.

¿Qué se percibe en el recorrido momentos antes de que dé comienzo el encierro?
Una presión que podría compararse a la de cualquier evento en el que se vaya a participar y que requiera de la máxima concentración posible. Además, se siente mucho miedo y se está bastante estresado, porque no hay que olvidar que te juegas la vida. No terminas de acostumbrarte a esto. Por muy experto y veterano que se sea, estas sensaciones siempre están ahí. Una vez que se oye el primer cohete y los toros se acercan, el temor ya no es tanto, puesto que te concentras en lo que tienes que hacer y no te da tiempo a pensar en otras cosas. En este sentido, la experiencia sí que ayuda a reaccionar y a tomar decisiones rápidas en situaciones determinadas.

¿Sigue algún tipo de ritual antes de cada carrera?
No. Lo único que hago todos los días es juntarme con la misma gente y calentar con ellos hasta que se empieza.

¿Qué consejos le daría a un principiante? ¿Le recomendaría algún tramo concreto?
Que se asesorara y que tenga claro dónde se va a meter. Que visite antes el recorrido y se haga una composición exhaustiva de la situación. En los primeros encierros, le recomendaría que corriese a una distancia prudencial y se retirase cuanto antes a un lado del trazado para ver la manada pasar, preferiblemente donde haya vallado. De esta forma, se daría cuenta de si puede o no controlar las sensaciones de tener cerca a esos animales. Pienso que esto, además, podría realizarse en cualquiera de los tramos del recorrido. Eso sí, sin perder de vista a la manada.

¿Hay alguna imagen que se le haya quedado grabada?
Las de los montones en los que me he visto envuelto. Te encuentras en una situación en la que ya no dependes de ti y debes esperar a ver qué es lo que sucede. También me han impresionado varias cornadas, pero se trata de algo a lo que, con el tiempo, te vas acostumbrando.

¿Qué sería de los sanfermines sin el encierro?
Perderían toda la internacionalidad que tienen. Estas carreras son las que marcan la diferencia y distinguen a las fiestas de Pamplona de las del resto del mundo.

 
 
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