¿Recuerda cómo fue su primer contacto con el encierro?
Comencé a correr con 15 años, cuando el encierro se celebraba a las siete de la mañana. En aquella época era muy normal que en las cuadrillas de adolescentes pamploneses hubiera una especie de presión social para que los varones pasaran una prueba de virilidad. Por tanto, probamos suerte, aunque a sólo dos nos gustó tanto como para seguir acudiendo año tras año.
Después de tanto tiempo como corredor, ¿cómo le llegó la oportunidad de ser ‘la voz del encierro’?
De la forma más inesperada. Cuando entré en televisión, me ofrecieron ese puesto porque había participado en la carrera. Les gusté y he continuado 19 años.
¿Qué sintió en las primeras retransmisiones?
Fueron en el año 1988. En esos sanfermines hubo un encierro muy complicado con toros de Cebada Gago. Se retrasaron cinco toros y estuvieron dando guerra por todo el recorrido, así que me resultó bastante difícil narrarlo porque tenía que aclarar al espectador de qué toro se trataba y en qué lugar se encontraba. Creo que no he vuelto a tener un encierro tan complicado de narrar como aquel.
¿Se sigue poniendo igual de nervioso que cuando corría?
La sensación dentro del recorrido es intensísima y estupenda, ya que entiendo el encierro como una pasión. En mi caso, sentía mucho miedo. Recuerdo, cuando me preparaba en casa una hora antes, me temblaban tanto las manos que era incapaz de abrocharme los botones de la camisa. Sin embargo, lo que experimentaba tras la carrera me compensaba ese sufrimiento. En las retransmisiones, por el contrario, me lo paso muy bien porque me gusta y se trata de mi trabajo. No deja de ser una labor profesional. De hecho, si no tuviera que comentar las carreras, volvería a la calle.
A la hora de narrarlo, ¿tiene muy en cuenta a los espectadores a los que se dirige?
Por su puesto. Del 1.300.000 personas que ve los encierros todas las mañanas durante las fiestas, hay prácticamente un millón que no son de Pamplona ni de Navarra, por lo que debo explicar aspectos básicos que aquí se dan por sabidos. Muchos telespectadores son, incluso, de otros países en los que ni siquiera se conoce cuál es la función de los dobladores, y eso hay que explicarlo.
En cualquier caso, ¿resulta muy complicado no asociar su voz con el encierro?
Una vez, una cuadrilla de Bilbao me paró para que les hiciese una foto. En un principio, no me conocieron, hasta que me puse a hablar con ellos y escucharon mi voz. Me dejaron planchado porque me dijeron que me veían desde muy pequeños, así que empecé a pensar en lo mayor que era –bromea-.
¿Busca contar el encierro de una forma cercana?
Esto se puede hacer de muchas maneras, ya sea en plan conferencia o diciendo las cosas en un tono más popular. Yo procuro narrar lo que sucede como si estuviese con mis amigos en un bar. De vez en cuando, claro que recurro a citas o cifras para ilustrar algún dato, pero de lo que se trata, básicamente, es de describir lo que sucede en la calle, aunque.
¿Se ve algún día como espectador o todavía no se lo ha planteado?
En principio, no. Si no pudiera correr por cuestiones físicas y tampoco tendría que retransmitirlo por la televisión, igual hasta me iba de Pamplona. Prefiero ser un testigo lejano que quedarme en la ciudad, puesto que lo pasaría muy mal.
Después de tantos años ligado a este espectáculo, ¿qué supone para ti el encierro?
Se trata de una pasión que nació cuando empecé a correr. Al principio, es un pánico descontrolado, pero luego aprendes a tener miedo sin este pánico. Ahora, siento esa misma pasión y me sigo poniendo igual de nervioso. Tengo muchos amigos en el recorrido y hoy en día resulta muy complicado correr por la abundancia de gente.
¿Cómo ha vivido su evolución?
De alguna manera, me siento copartícipe de esa masificación. A fin de cuentas, las retransmisiones de la carrera todos estos años han contribuido a que cada vez venga más gente. Además, muchas veces siento como si me vieran el culpable de esta situación, pero lo único que hacemos desde la televisión es retransmitir una realidad que está sucediendo en un momento y lugar determinados. Por tanto, el responsable de citar a un toro y volverlo es aquel que realiza esa acción, no el medio informativo.
¿Cuál cree que es la mayor equivocación que se comete en la actualidad?
El gran problema radica en la cantidad de corredores que se meten al recorrido sin saber en qué consiste todo esto. No digo que haya que nacer sabiéndolo todo, sino que antes se acudía al encierro con una actitud de aprender. No comprendo a esos que piensan que ya conocen los pormenores de la carrera sin apenas tener experiencia.
¿Es cierto eso de que no se están afrontando los verdaderos problemas?
Así es. Entiendo que resulta muy complicado porque, desde el punto de vista político, lo que se quiere es que no suceda nada grave. Si fuese alcalde de Pamplona, sentiría todas las mañanas un miedo terrible a que pase algo grave. No obstante, mientras no se acometa el problema del número de participantes, lo demás serán pequeños parches. No hay duda de que el número de heridos es exponencial al de corredores.
¿Qué medidas podrían adoptarse?
Contamos con el hándicap de que se trata de un espectáculo popular, pero eso no quiere decir que el número de personas participantes sea infinito. Se podría hacer un cálculo para ver qué cifra no se debería sobrepasar, aunque sin quitarle popularidad ni discriminar a nadie. La única manera que se me ocurre es vaciar completamente el recorrido, controlar los accesos y, una vez que se alcance ese número, prohibir la entrada al resto de corredores, ya que el peligro es enorme. Cualquier día puede pasar una desgracia muy grande y, en ese momento, se prohibirá el encierro. No obstante, no hay que olvidar que una persona de cada 60 participantes tiene algún tipo de herida leve; uno de cada 800 sufre un traumatismo grave; uno de cada 2.300 se lleva una cornada; y uno de cada 100.000 muere. Estas cifras resultan ridículas teniendo en cuenta el peligro que arrastra el encierro.
¿Qué consejos daría a un principiante? ¿Le recomendaría algún tramo en concreto?
Preguntar, hablar y ver muchos encierros antes de acudir. Siempre encuentras cosas nuevas que nadie te había dicho previamente, pues ninguna carrera es igual a otra. Todos los tramos poseen un alto grado de dificultad. En cuanto al lugar para empezar, de la Bajada de Javier hasta el ruedo es casi imposible y requiere de mucha fuerza física. En Santo Domingo también existe mucho riesgo debido a la velocidad de los toros. Quizás resulte más sencillo, dentro de la peligrosidad de todo el trazado, el primer tramo de Estafeta.
Al echar una mirada al pasado, ¿qué acontecimiento o fecha se le viene en primer lugar a la cabeza?
Tengo miles de recuerdos, pero insisto en el encierro de 1988 protagonizado por los astados de Cebada Gago. Por suerte, no se produjo ninguna cornada mortal, pero es un día que se me ha quedado grabado.
¿Qué sería de los sanfermines sin el encierro?
Una fiesta más. Lo que diferencia a Pamplona es que las reses que lidiarán por la tarde toreros de relumbrón han estado a un metro de ti por la mañana