¿Cuándo y cómo tuvo su primer contacto con el encierro?
Leí un libro de Robert Daley en el año 65 que me impactó mucho. Vi fotos de la carrera y, como la vida en Nueva Cork es muy aburrida, me dije que tenía que ir a Pamplona a conocer aquello. Cuando llegué, me encontré en el centro de Estafeta con un amigo mío y me animé a participar. Acabé aterrado. Cuando regresaba hacia mi casa pensé que debía probar de nuevo, que la sensación no podía ser ésa. La segunda vez esperé a la manada para ver a los toros de cerca. Parecían montañas negras que pasaban a mí alrededor. La experiencia me excitó tanto que, durante el invierno, escribí a Atanasio y Matt Carney para que me dijeran cómo correr.
Después de tantos años y experiencias, ¿qué supone el encierro para usted?
Cinco minutos antes de que suene el cohete, se siente algo muy difícil de explicar. Te reencuentras con amigos con los que compartes la tensión previa que se vive justo antes de tener a la manada detrás. Una vez que se escucha el cohete, no pienso más que en toros. Atanasio me decía que siempre estaba nervioso, pero que se le pasaba cuando comenzaba todo.
¿Cuál cree que es la equivocación más común a la hora de entender el encierro?
Existe un gran número de corredores para los que es muy importante correr bien todos los días. Hace años, el estilo de estos mozos era muy variado. En estos últimos tiempos, por el contrario, es brutal.
¿Cómo ha visto su evolución desde que comenzara a participar?
Antes, se trataba de algo divertido. Ahora, se ha convertido en algo dramático.
¿Qué posibles soluciones se le ocurren para recuperar la esencia de la carrera?
Una posibilidad sería programar el encierro antes. Pienso que, adelantando la hora, participaría menos gente. Al margen del toro, ¿cuál es el mayor peligro al que se enfrenta un corredor? El principal problema con el que nos encontramos es la gente, no los animales. Si consigues un buen sitio cuando estas delante de ellos, todo es más fácil.
¿Qué siente y percibe un corredor en los momentos previos a la carrera?
Personalmente, la noche anterior la paso con un cosquilleo en el estómago que apenas me deja dormir. Me levanto continuamente y apenas puedo hablar por la mañana. No obstante, me gusta sentir este tipo de sensaciones porque me mantienen alerta durante el encierro.
¿Sigue algún tipo de ritual antes de cada carrera?
Suelo estirar bien los músculos. Además, desde que empecé a correr, tengo la manía de meterme el mismo pañuelo en el bolsillo.
¿Qué le diría a la gente que participa por primera vez?
Cuando accedes al recorrido por primera vez, todo parece divertido. Sin embargo, cuantos más años de experiencia tienes, más cuenta te das de lo peligroso que es este espectáculo. Para que no pierdan el respeto nunca, les recomendaría que tuviesen siempre muy presenta a aquellas personas a las que les ha pasado algo.
¿Hay alguna imagen que se le haya quedado grabada durante todo este tiempo?
Cuando llevaba seis o siete años viniendo a Pamplona, se acercó hasta mí un grupo de buenos corredores para darme la enhorabuena por la carrera que había realizado. En aquel momento, en lugar de sentirme como un extranjero, me sentí uno más.
¿Ha sufrido algún tipo de percance?
Me he fracturado las costillas hasta tres veces. Además, un toro me pinchó en la cadera y me la dislocó, me he caído en innumerables ocasiones y me he roto los dientes.
¿Qué sería de los sanfermines sin el encierro?
No tendrían nada de especial y entrarían en el grupo del resto de las fiestas españolas. Continuaría siendo bonita, pero no tan única como ahora.
¿Cómo ven en Estados Unidos las fiestas de San Fermín?
Odian a los toros y piensan que los que corren están locos. No consiguen entenderlo porque no miran más allá. Lo único que aprecian es que se trata de un montón de gente delante de una manada de reses. Yo, por ejemplo, corría en Estafeta. Cuando un toro me hirió en una de las carreras, le pregunté a Txema Esparza la forma idónea de participar en Mercaderes. Él, durante años, fue mi maestro. Me costó tres sanfermines aprender a correr en ese tramo porque todos son diferentes. Es más complicado de lo que parece.
No obstante, también habrá paisanos suyos que sientan el encierro y corran de una manera destacada…
Así es. Durante el invierno, mucha gente en Nueva York me pregunta acerca de la carrera. Se ha cambiado un poco la idea de que, americano que participa, americano que resulta herido. Hay muchos que corren muy bien.