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Nombre y apellidos: Pablo Hermoso de Mendoza Cantón
Fecha y lugar de nacimiento: 11 de abril de 1966, Estella
Profesión: Rejoneador
Experiencia como rejoneador: Desde 1983, aunque tomó la alternativa en 1989
Experiencia como corredor: 7 años, se retiró en 1989
Tramo: Estafeta
 
“El impacto de la gente es lo que distingue al encierro”
 

¿Cuándo empezó a tener contacto con el encierro?
Antes de ir Pamplona, ya había corrido alguna vez en Estella, así que más o menos conocía el funcionamiento. En cualquier caso, siempre recuerdo la primera vez que vi a un toro acercarse por la calle. Me pareció enorme, como un búfalo. Me impactó mucho.

Y en el recorrido, ¿qué sensaciones tuvo?
Nervios y tensión, que se contagian entre los corredores. Oyes el cohete y el corazón empieza a ir más deprisa. Asimismo, cuando la gente te adelanta en la calle y ves el pánico reflejado en sus caras, te sube la adrenalina y el cuerpo se altera notablemente.

¿Es verdad eso que dicen de que correr el encierro engancha?

Totalmente. Cuando sientes que eres capaz de controlar esa adrenalina, acaba la carrera y te envuelve la satisfacción y el orgullo por haber participado y soltado tanta presión. Yo lo dejé por el trabajo, ya que esa sensación de miedo la tenía más que cubierta durante todo el año. No obstante, de no haberme dedicado a ello, seguiría corriendo.

¿Se puede comparar lo que experimenta en la plaza a la carrera de Pamplona?
Sí. La sensación de riesgo resulta la misma. Sólo hay algo que cambia, y es la responsabilidad que tienes de satisfacer al público. El encierro, sin embargo, no lo corres para que te vean, sino por ti.

¿Dónde se corre más peligro, en el ruedo o en la carrera?
Pueden pasar muchas cosas en ambos lugares. Lo que sucede es que en el encierro yo me hacía un planteamiento que me daba cierta seguridad, pero que luego se volvía en mi contra. Pensaba que, entre tanta gente, no me iba a tocar a mí, aunque estaba totalmente equivocado. Además del animal, en la carrera participa mucha gente que puede influir en que te ocurra algo, como alguna caída o empujón. En la plaza, sin embargo, sabes que eres el único que se va a poner en la cara del toro. Existe la posibilidad de que pase algo, pero ahí sí que dependes más de ti mismo.

¿Qué supone y significa el encierro para usted?
A mí se me juntaba la sensación de que eran mis raíces con mi afición taurina. Lo veo como algo que me gusta, pero también como parte de nuestra cultura.

¿Cómo ha visto su evolución en estos últimos años?
Lejos de lo que toda la gente comenta acerca de la masificación, pienso que eso es lo que lo hace especial. Recuerdo la única vez que corrí en Santo Domingo, cuando se hizo la película de Hemingway. Participamos un grupo pequeño de personas y no se respiraba ni el ambiente ni la peligrosidad que en los actuales, en los que casi no puedes moverte. El impacto de la gente es lo que hace distinta a esta carrera.

No obstante, se pude afirmar que se han tomado medidas que la han mejorado…
Ha evolucionado mucho, y para bien. Lejos quedan aquellas estadísticas –que, por otro lado, pueden cambiar en cualquier momento- de los montones de hace años en el callejón. Asimismo, el que entra, pienso que va con más conocimiento de causa. Cada vez hay más gente que corre bien, que se lo ha tomado muy en serio, que incluso ha entrenado para ello y que está parte del año pensando en el comportamiento que va a tener dentro del encierro.

Al margen del toro y de la masificación, ¿ve algún otro peligro destacado para los corredores?
No veo muchos más gracias, sobre todo, a que se toman infinidad de medidas para favorecer la carrera, como limpiar las calles o sacar a la gente que no está en condiciones. Pienso que hay un buen equilibrio en el encierro de Pamplona.

¿Cómo deben prepararse los mozos antes de cada carrera?
En primer lugar, ayuda en gran medida el tener una buena preparación física, pero lo que realmente resulta imprescindible es mantener la mente despejada y poseer ese temple que te permita reaccionar en poco tiempo. La improvisación te salva muchas veces de condiciones extremas, ya que cada encierro se produce de una manera diferente y apenas existe tiempo para tomar decisiones.

Una vez que suena el cohete que anuncia su inicio, ¿qué se percibe dentro de la propia calle?
Ves a la gente pasar mientras esperas a la manada pegado a la pared. Yo daba pequeños saltos para hacerme una idea de por dónde marchaban los animales. Cuando observaba que las cabezas de la gente se movían con mucha energía, me acercaba al centro de la calle, porque ésa es la única manera de enganchar un toro entre tanto tumulto. Una vez dentro, comenzaba la carrera despacio para no entorpecer a las personas que venían por detrás y para ir acortando la distancia y la velocidad de los astados con el objetivo de encontrarme con ellos.

¿Qué consejos le daría a alguien que se va a iniciar? ¿Qué tramo le recomendaría?
Hay que tener temple y sangre fría. No obstante, recomendaría que, antes de saltar al encierro de Pamplona, se probara en carreras como las de Estella y Tafalla para ir progresivamente y llegar al de San Fermín con conocimiento de causa. En cuanto al lugar, pienso que Santo Domingo entraña el que más peligro.

¿Es la ignorancia uno de los mayores lastres que arrastra el encierro?
Así es. Al margen de que mucha gente carece de información acerca de la carrera y del peligro que supone el ponerse delante de un toro, tampoco uno mismo sabe cómo va a reaccionar ante ese tipo de situaciones. Por ello, la prueba no puede ser ante un animal de una plaza de primera porque resulta demasiado arriesgado.

Y a los toros, ¿cómo les afecta la carrera?
Estos animales aprenden de todo lo que les haces. Un año rejoneé dos toros que habían corrido en San Fermín chiquito y, al igual que los que he lidiado en Sangüesa o Tafalla, esa circunstancia se les notaba mucho. Eran conscientes de que habían entrado a la plaza por una puerta y que se marcharon por otra. El toro ya no tenía la querencia natural de los corrales, sino que atravesaba constantemente el ruedo buscando cualquiera de las dos puertas. En cualquier caso, también les viene bien porque han vivido una situación de estrés que les hace mejores físicamente. Se caen menos y aprenden a respirar en ese tipo de situaciones.

¿Siente el toro miedo en el encierro?
Cuando sale por la cuesta de Santo Domingo, se aterroriza. Prueba de ello es que voltea la cara hacia los corredores que se quedan a los lados y, con el cuerpo, intenta esquivarles. Se trata de una forma de autoprotección en la huida. A partir de ahí, se calienta, supera ese primer susto y cada uno reacciona de diferente manera, dependiendo de si es más bravo o más noble. Antes, por ejemplo, Guardiola era de las ganaderías más temidas por el comportamiento de sus astados.

¿Preparan las ganaderías a sus toros para acudir a San Fermín?
En estos últimos se ha puesto de moda. Los toros llegan mejor preparados y aguantan más porque ya han corrido antes.

¿Se le ha quedado grabada alguna situación concreta de sus participaciones en el encierro?
Un día, en Estafeta, los toros de Miura corrieron a un ritmo muy fuerte. Mis piernas no eran capaces de mantener esa velocidad y me encontré con un pequeño montón. Caí y miré hacia atrás para observar si los toros iban a toparse también con el montón. La imagen de ver a los animales pasar por al lado se me quedó grabada. En el último encierro que corrí, un torrestrella marchaba en la cabeza de la manada. Pesaba que ya se habría acostumbrado a abrir camino y no me di cuenta de que se puso por delante en ese momento, así que me pegó un varetazo que me rasgó toda la camisa y me tiró al suelo. Me quedé quieto hasta que pasó toda la manada, y tengo que reconocer que ha sido la peor sensación en el encierro.

¿Qué sería de los sanfermines sin el encierro?
Cambiaría todo. Se trata de una de las imágenes más fuertes de la ciudad. Cuando toreo en otros países se nota que la gente conoce Pamplona por los encierros, más que por las propias fiestas.

 
 
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